FUTEBOL URUGUAYO:

'' É uma religião nacional. A única que não tem ateu. Somos poucos: 3,5 milhões de uruguayos. É menos gente do que um bairro de São Paulo. É um país minúsculo. Mas todos futebolizados. Temos um dever de gratidão com o futebol. O Uruguay foi colocado no mapa mundial a partir do bicampeonato olímpico de 1924 e 1928, pelo futebol. Ninguém nos conhecia.

O futebol uruguayo é o melhor? Não. No mundo guiado pelas leis do lucro, onde o melhor é quem ganha mais, eu quero ser o pior. Não poderíamos sequer cometer o desagradável pecado da arrogância. Seria ridículo para um país pequeno como o nosso. Não somos importantes, o que é bom. Neste mundo de compra e venda, se você é muito importante vira mercadoria. Está bom assim.

Como explicar Uruguay?.... Somos um pouco inexplicáveis. Aí é que está a graça".

EDUARDO GALEANO - Escritor

H.SCARONE



Héctor Pedro Scarone foi um dos melhores e mais refinados jogadores do futebol antes da II Guerra. Ágil e veloz, jogava bem com as duas pernas. Habilidoso nos dribles e dono de uma finalização precisa e forte. Foi, também, mestre nas bolas paradas e excelente cabeceador, apesar da altura (1,75 m). Em uma época em que o 2-3-5 era o sistema tático característico, Scarone atuava no ataque, porém sua polivalência e raça permitiam que orientasse o time defensivamente e lançasse o ataque. Não por acaso, recebeu os apelidos de El Mago e Gardel del Fútbol (em referência ao rei do tango, Carlos Gardel). Estreou pelo Uruguai aos 19 anos. Antes de ser a estrela do título Mundial, brilhou nas conquistas do ouro Olímpico em 1924 e 1928, marcando cinco e três gols respectivamente. No Mundial, sua maior exibição foi no segundo tempo da final, comandando a Celeste na virada que resultou no título.
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El 23 de abril de 1967, Héctor Scarone fue a ver a Nacional, como lo hacía habitualmente. Se sentó en el palco del Estadio Centenario junto al Vasco Pedro Cea, su compañero de campañas olímpicas y mundiales, para seguir a su equipo contra Guaraní de Asunción por la Copa Libertadores. La tarde, más fría de lo habitual para el comienzo del otoño, resultó emocionante. Nacional comenzó perdiendo, pero lo dio vuelta con goles de Ruben Sosa, Espárrago y Mugica de penal. Scarone no estaba bien de salud, pero aquella tarde regresó contento a su casa.
Cincuenta años antes, Héctor había alcanzado su consagración con la Celeste, conquistando ante Argentina el gol que dio a Uruguay la primera Copa América oficial, que puso en juego el flamante trofeo. Fue en el Parque Pereira, un gran estadio de madera construido para la ocasión en los terrenos donde hoy se encuentra la Pista de Atletismo.
Aquel entreala más bien bajo, de piernas flacas y pelo enrulado, peinado con raya al medio como se estilaba entonces, había surgido poco tiempo antes en el Cometa Halley Football Club, un equipo de chiquilines del Arroyo Seco. El Halley había pasado tan cerca de la Tierra en 1910 que muchos temieron el fin del mundo. Al final, todo quedó en un espectáculo imborrable para quienes lo vieron, con el astro adornando el cielo incluso durante el día. Todos hablaban del cometa y de ahí que su nombre llegara también al fútbol.
Héctor, nacido en 1899, era el hermano menor de Carlos, quien se destacó pronto en el barrio por la potencia de su juego. Y así pasó a defender los colores del CURCC. Su padre, Giusseppe Scarone, un tano auténtico, se hizo fanático aurinegro. Por eso, cuando Carlos decidió jugar por Nacional, ocurrieron un montón de cosas: Giusseppe lo increpó, nació el apodo de manyas, Nacional formó un gran equipo que ganó el tricampeonato 1915-1916-1917 y Carlos se terminó llevando a Héctor a los entonces llamados albos. Y, con el tiempo, el menor de los Scarone se convertiría en un emblema de Nacional y de todo el fútbol uruguayo.
Entre 1916 y 1939 jugó 369 partidos en Nacional, convirtió 301 goles y fue ocho veces campeón uruguayo. En ese período también jugó por Barcelona, Inter de Milán y Palermo de Italia, además de un pasaje por Wanderers en 1937. Con 31 conquistas, fue el mayor goleador histórico de la Celeste hasta la aparición de Diego Forlán y Luis Suárez, aunque todavía guarda un récord: los cinco goles que marcó en un solo encuentro, el 28 de octubre de 1926 ante Bolivia, por la Copa América de Chile.
En realidad, Scarone no era solo un goleador, sino un entreala derecho —así se definía su posición en el campo— de notable técnica, capaz tanto de gestar el juego como de definirlo. Quienes lo vieron jugar lo describieron como un virtuoso del pase, pero al mismo tiempo remataba al arco con puntería y potencia, tanto de derecha como de zurda. Una leyenda asegura que nunca falló un penal. Solía practicar sus tiros al arco colocando por ejemplo un sombrero sobre el travesaño, y lo bajaba de un pelotazo.