FUTEBOL URUGUAYO:

'' É uma religião nacional. A única que não tem ateu. Somos poucos: 3,5 milhões de uruguayos. É menos gente do que um bairro de São Paulo. É um país minúsculo. Mas todos futebolizados. Temos um dever de gratidão com o futebol. O Uruguay foi colocado no mapa mundial a partir do bicampeonato olímpico de 1924 e 1928, pelo futebol. Ninguém nos conhecia.

O futebol uruguayo é o melhor? Não. No mundo guiado pelas leis do lucro, onde o melhor é quem ganha mais, eu quero ser o pior. Não poderíamos sequer cometer o desagradável pecado da arrogância. Seria ridículo para um país pequeno como o nosso. Não somos importantes, o que é bom. Neste mundo de compra e venda, se você é muito importante vira mercadoria. Está bom assim.

Como explicar Uruguay?.... Somos um pouco inexplicáveis. Aí é que está a graça".

EDUARDO GALEANO - Escritor

quinta-feira

LOS EQUIPOS URUGUAYOS SIEMPRE JUGARON ASÍ

Final Copa del Mundo 1930: Uruguay 4 x Argentina 2. Uruguay Campeón.

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Este es uno de los mitos más difundidos respecto a la Selección uruguaya. Se dice y se repite hasta el cansancio que “Uruguay siempre jugó así”, que ese tipo de juego rudo, desprolijo y de vivir siempre al borde de la cornisa está metido en los genes de los jugadores y que por lo tanto es imposible pretender que juegue distinto.  Falso.
En primer lugar es discutible afirmar que Uruguay siempre jugó así. Tengo mis recuerdos en mi adolescencia de un programa deportivo en que participaba el Vasco Cea, (Tierra de Campeones?) un campeón Olímpico del 24 y 28 y Mundial del 30 que siempre repetía  que el fútbol uruguayo debía volver a lo que había sido característico en su época y que resumía en el latiguillo: “jugarla cortita y al pie”.  Es muy difícil evaluar el fútbol de aquella época por la distorsión e idealización que ponen los recuerdos y porque además no hay documentos gráficos, pero varias crónicas coinciden en que el juego uruguayo se caracterizaba por una alta técnica y en jugar la pelota al ras del piso, al toque. Cito las palabras del  historiador de fútbol, el francés Pierre Cazal , quien señala como aquel fútbol uruguayo influyó sobre los franceses:

La venida de Uruguay en 1924 para los Juegos Olímpicos y la gira de Nacional en 1925 marcaron mucho los espíritus. Hasta ese momento, el modelo para los franceses era Inglaterra, y el gran periodista Gabriel Hanot, al término del torneo que ganó Uruguay, brillantemente hizo una comparación muy significativa. Opuso el juego inglés, “cuadrado, articulado, con rigor y rigidez”, al juego uruguayo, al que definió como “el arte del amague, de esquivar, de los cambios de pie llevados a la perfección, un virtuosismo maravilloso, un fútbol como nunca se ha jugado en Europa”. El entusiasmo era unánime. Es una lástima que en aquellos tiempos no existiera la televisión, porque el juego practicado por los uruguayos habría tenido el mismo impacto que el que tiene hoy en día el fútbol de Barcelona. Una mezcla perfecta de técnica individual, sentido de la desmarcación y del pase, velocidad y potencia. En ese momento el modelo inglés estaba en declive, un proceso que concluiría en 1950 con la pésima actuación de Inglaterra en el Mundial de Brasil. Entonces al ver a los uruguayos quedó claro que otro fútbol era posible, agradable y también más eficiente, un fútbol que se apegaba mejor al espíritu francés.  https://ladiaria.com.uy/articulo/2016/4/maitres-uruguayens/

Por algún motivo el fútbol uruguayo habría perdido ese estilo original que sí conservaron nuestros vecinos argentinos. En este artículo http://www.aguantenche.com.uy/2014/05/siempre-jugamos-asi/ se efectúan algunas afirmaciones en ese sentido, que si bien no están demasiado documentadas pueden permitirnos elaborar alguna hipótesis:

Según apuntan varios investigadores, Uruguay comenzó a variar su estilo de juego en los innumerables amistosos ante Argentina, el rival de siempre en los primeros años (entre 1900 y 1920, Uruguay jugó 81 partidos, de los cuales 75 fueron ante los vecinos). Si bien la celeste ganó las que duelen (final olímpica y mundial), el fútbol del otro margen del Plata evolucionaba un poco más rápido y, ante igualdad de estilos, las individualidades argentinas se destacaban un poco más.

Por eso, de a poco Uruguay empezó a adoptar un juego un poco más defensivo, bastante similar al utilizado en el partido ante Brasil en Maracaná aunque, ojo al gol, si bien ese puede ser el comienzo de la “garra charrúa” en aquel encuentro decisivo la celeste hizo menos de diez faltas. Duros, tal vez, pero leales y limpios.

La década posterior al Maracanazo siguió mostrando a un Uruguay que le sentaba mejor el juego ofensivo pero los malos resultados comenzaron a llegar (algo impensado en la mitad anterior del siglo) y la urgencia por recuperar el prestigio perdido provocó métodos más arcaicos para llegar al triunfo.

Así, el toque corto y la gambeta se fue reemplazando por la tenacidad incansable, la dureza en la marca y la comodidad encarando un partido de manera más defensiva que ofensiva. Hoy sí somos los abanderados de la garra charrúa y nos cuesta imaginar a una selección adoptando una postura distinta a la actual, pero créanos que esa no siempre fue la nuestra.


De hecho tal vez los últimos rastros de juego virtuoso puedan verse en algunas filmaciones – no demasiado buenas – que quedan del mundial de 1954,  probablemente el canto de cisne del fútbol uruguayo bien jugado. Después de ahí, lo de ahora durante varias décadas: fuerza, tesón, garra, patadas. Y de vez en cuando algún jugador fuera de serie.